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Poner en movimiento eso que late: una bitácora del cuerpo, el tiempo y lo que se va gestando

Crear, moverse, compartir… no siempre necesitan un gran escenario ni una preparación perfecta. Cada vez que le das lugar a aquello que te mueve, aunque te parezca pequeño, estás abriendo un camino nuevo. Un gesto puede ser raíz de algo que empieza a crecer.


Te invito a dar ese paso que tu cuerpo y tu intuición ya conocen... ¿Qué es eso que te mueve y, a veces, queda dormido entre las rutinas?


En el ser–hacer nos vamos haciendo. Y lo pequeño, cuando nace desde el corazón, se vuelve inmenso.

La intención de darle lugar a eso que te convoca es un gesto de autocuidado. No es productividad, no responde a lógicas externas: es tu espacio personal, un refugio para la intimidad creativa. Un espacio por vos y para vos.

“Las mejores y más bellas cosas en el mundo no pueden verse, ni siquiera tocarse; deben sentirse con el corazón.” Helen Keller


Pensar desde el cuerpo

En lo cotidiano persiste la idea de que la mente dirige y el cuerpo obedece. Sin embargo, el cuerpo es la base de toda experiencia mental. Cuerpo y mente —o psiquesoma— son una misma unidad.


Cada movimiento activa redes neuronales que moldean nuestra manera de sentir, percibir y pensar. Cuando respiramos distinto, el cerebro cambia su ritmo. Cuando nos movemos, la atención se reorganiza, la memoria se actualiza, el ánimo muta.


Las neurociencias confirman algo que la sabiduría corporal reconoce desde siempre: el pensamiento no está solo en la cabeza, sino distribuido en la piel, los músculos, la postura, la mirada.


¿Cómo es pensar desde la piel? ¿Pensar desde los pies? ¿Desde la respiración?

Moverse conscientemente es abrir nuevas rutas en el cerebro, nuevos modos de habitar el mundo, nuevas posibilidades de ser.


La invitación es a escucharte desde el cuerpo, sabiendo que todo lo que sos está ahí. Cuando te movés, tus ideas también se mueven. Cuando pensás, pensás desde el cuerpo.


“Me detengo. Me percato de un dolor que tengo en el pecho, suave y delicado. ¿Qué haré con él? Permitir que lo que ocurra, ocurra.Mi respiración se hace más profunda… Tengo los ojos húmedos.No trato de entender, sólo me percato de lo que ocurre.Comienzo a entender de un modo que no es transmisible. Es mi propia comprensión.” Barry Stevens (2009)

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