¿Tenés o habitás un cuerpo?
Vivimos en/desde un cuerpo (...) sin embargo, podemos pasar gran parte del día sin sentirlo realmente. Pensamos, resolvemos, trabajamos, hacemos listas, respondemos mensajes, cumplimos con lo que "tenemos que hacer"… mientras el cuerpo queda, muchas veces, en un segundo plano y pasa desapercibido.
Ante esto la pregunta: ¿Tenés un cuerpo o habitás un cuerpo?

Habitar el cuerpo no significa estar permanentemente atentos a cada sensación ni sentirnos bien con nuestro cuerpo todo el tiempo. Se trata de poder establecer una relación con él: percibirlo, escucharlo, reconocer sus señales y permitirnos estar presentes en lo que sucede. Pero para algunas personas, esta relación con el cuerpo puede ser especialmente compleja.
Cuando alejarse del cuerpo fue necesario
Desde una mirada centrada en el trauma, podemos comprender que la desconexión del cuerpo no aparece simplemente porque “no sabemos escucharnos”. En ese momento quizás, desconectarnos fue una forma de protección.
Frente a experiencias que resultaron demasiado intensas, dolorosas, amenazantes o difíciles de procesar, nuestro organismo puede encontrar distintas maneras de hacer frente a lo que está sucediendo, y una de ellas refiere a alejarnos de la experiencia corporal y refugiarnos en lo mental.
Pensar en lugar de sentir: el irnos “a la cabeza” cuando algo resulta demasiado intenso.
En determinados momentos de nuestra historia, esta distancia puede haber sido necesaria, ya que ha permitido atravesar situaciones para las que no teníamos otros recursos. Por ello, es importante que no juzguemos esta desconexión sino darle lugar al registro.
Cuando la protección se transforma en patrón
El problema o conflicto puede aparecer cuando esa estrategia permanece mucho después de que la situación que la hizo necesaria haya pasado.
Esto es, lo que alguna vez fue una respuesta frente a una experiencia determinada puede convertirse en una forma habitual de relacionarnos con nosotros mismos y con el entorno, una manera habitual de responder al medio.
Y entonces quizás nos encontramos viviendo mucho más desde la mente que desde el cuerpo y nos cuesta registrar el cansancio hasta que es extremo y allí sí lo escuchamos... pero... a qué costo?
Puede además que no sepamos muy bien qué necesitamos, tengamos dificultades en reconocer nuestras emociones y sintamos tensión que nos cueste identificar.
Nos damos cuenta de que "estamos sobrepasados" cuando ya no podemos más (...) o incluso podemos sentir cierta extrañeza respecto de nuestro propio cuerpo, como si estuviéramos un poco afuera de él, una disociación con respecto a nuestro cuerpo, sintiendolo ajeno Te pasa o te ha pasado esto en algún momento ?
Volver al cuerpo no es obligarnos a sentir
Volver al cuerpo no significa forzarnos a sentir aquello de lo que alguna vez necesitamos alejarnos. Si hubo experiencias traumáticas, acercarnos a las sensaciones corporales puede despertar emociones, recuerdos o estados que no siempre son fáciles de sostener.
Por ello, el camino hacia una mayor conexión corporal necesita ser cuidadoso, gradual y respetuoso de los propios límites, ir paso a paso, con una mirada amorosa hacia el propio proceso.
Y este empezar a habitarNOS desde el cuerpo puede comenzar con registros simples:
Sentir los pies apoyados en el suelo (abordaje de grounding)
Percibir el contacto de la espalda con una superficie (trabajo con apoyos)
Observar cómo entra y sale el aire (registrar nuestra respiración)
Hacer un movimiento lento y pequeño (micromovimientos)
Registrar si necesitamos acercarnos o alejarnos (contacto-retirada)
Descubrir que podemos detenernos y darnos una pausa
El cuerpo como lugar de encuentro
Habitar el cuerpo no se trata de abandonar la mente y anular esta parte, sino de vincular, de concebirnos como unidad psique soma. La mente puede ayudarnos a comprender, organizar y poner en palabras aquello que vivimos. El cuerpo puede ofrecernos otra vía de conocimiento: sensaciones, impulsos, ritmos, tensiones, movimientos y necesidades.
La integración aparece cuando podemos permitir que ambas dimensiones estén en diálogo (...)

Habitar no es controlar
A veces creemos que conectar con el cuerpo significa aprender a "controlarlo mejor": respirar correctamente, mantener una postura determinada, relajarnos, movernos de cierta manera, etc.
Habitar se asemeja más a desarrollar una relación curiosa y menos exigente con aquello que sucede, contemplar y dar lugar a lo que emerge, observar sin juzgar, escuchar sin tener que corregir inmediatamente, moverse sin buscar hacerlo “bien” o desde una forma específica. También es dar espacio a lo que aparece, respetando nuestros límites, entendiendo que desde esta mirada nuestro cuerpo no es un objeto que tenemos que dominar o "controlar", sino es cuerpo-sujeto.
El cuerpo es el lugar desde donde vivimos nuestra experiencia, conciencia encarnada (al decir de Merleau-Ponty)
Entonces, ¿tenés o habitás un cuerpo?
Quizás haya momentos en los que estamos profundamente presentes y otros en los que volvemos a refugiarnos en la mente, así como la vida...oscilamos. Momentos en los que sentimos claramente nuestras necesidades y otros en los que recién nos damos cuenta cuando el cuerpo ya está agotado.
Habitar el cuerpo puede ser justamente aprender a reconocer esos movimientos, esas oscilaciones propias de la vitalidad y de un organismo. La danza de la polaridad del contacto y la retirada (gestálticamente hablando), de cerrar un ciclo y abrir otro.
Damos lugar a ir construyendo la posibilidad de volver a encontrarnos desde el cuerpo... no sólo escuchar el cuerpo sino escuharNOS desde el cuerpo.
.png)






















Comentarios