Conciencia corporal y sensopercepción
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La conciencia corporal constituye un eje central en la comprensión del movimiento y en la práctica de la DMT; la cual, no se limita al conocimiento superficial del cuerpo, sino que surge de la integración de múltiples niveles de percepción: la propiocepción, que informa sobre la posición y el movimiento del cuerpo en el espacio; la interocepción, que comunica el estado interno y fisiológico; y la exterocepción, que capta información del entorno a través de los sentidos.
La combinación de estos sistemas sensoriales permite no solo un mejor control y coordinación del movimiento, sino también una comprensión más profunda de la propia experiencia, favoreciendo la regulación emocional, la autoexpresión y la creatividad. En este contexto, la técnica de sensopercepción se presenta como un recurso clave para explorar, vivenciar e integrar estas dimensiones, potenciando la presencia, la conciencia y la expresividad del individuo.
La propiocepción se define como la percepción del sí mismo, un modo de habitar el cuerpo a partir del registro de sus señales, contactando con el entorno para hacerlo propio y otorgarle sentido (Igaz y Velázquez, 2009). En esta línea, Hubert Godard (como se citó en Rolnik, 2022), expone que “el término propiocepción es el conocimiento que tenemos de los movimientos de nuestro propio cuerpo en su contexto” (p. 277). Este sentido particular constituye la base del Yo y sin él los demás sentidos no podrían funcionar adecuadamente. La propiocepción responde a preguntas como: ¿dónde se ubican mi cabeza, tronco, torso y extremidades en relación con el espacio?, ¿cómo me estoy moviendo?, ¿qué cualidades manifiestan mis movimientos?, ¿qué me impulsa a moverme? Así, se configura como fundamento para la presencia y la conciencia corporal (Rolnik, 2022).
A partir de la propiocepción, se logra conciencia de la posición y la forma del cuerpo, un elemento clave en el desarrollo de la danza/movimiento, donde se entrelazan cualidades de tiempo, espacio y energía en un continuo dinámico, generando movimientos dotados de sentido y significación (Ferreiro Pérez, 2017).
La interocepción, por su parte, alude a las sensaciones que se originan en lo interno del cuerpo y que permiten monitorear procesos fisiológicos esenciales, como el metabolismo y la homeostasis. Incluye percepciones relacionadas con la temperatura, la sed, el hambre, el dolor y otras señales internas que son fundamentales para el cuidado y la autorregulación corporal. Los interorreceptores, que median estas percepciones, se vinculan con la inteligencia emocional y facilitan la toma de decisiones, al permitir que la persona reconozca y responda a sus necesidades internas (Caldwell, 2019).
Los conceptos de propiocepción e interocepción se encuentran estrechamente relacionados, ya que ambos implican la percepción del propio cuerpo desde distintas dimensiones: mientras la propiocepción informa sobre la posición, el movimiento y la orientación espacial del cuerpo, la interocepción comunica el estado interno y fisiológico. A su vez, estos procesos se integran con la exterocepción, es decir, los sentidos que captan información del mundo externo, permitiendo que el organismo mantenga un equilibrio entre su estado interno, su movimiento y su relación con el entorno (Caldwell, 2019).
La integración de propiocepción, interocepción y exterocepción constituye así la base de la conciencia corporal, de la regulación emocional y de la acción adaptativa. Estos elementos resultan centrales en disciplinas como la Danza Movimiento Terapia, donde el cuerpo es concebido como vehículo de autoconocimiento y expresión. En ello, Aleksander (2010) expresa que “pensamos con el cuerpo” y señala:
Toda investigación lleva a enriquecer la conciencia corporal, y por ende a saber más acerca de uno mismo. Ese saber permite a la persona ponerse en contacto con su cuerpo (...) Habitar un lugar es conocerlo, saber de él, sentir sus formas, espacios, conocer para querer e investigar para hacer (p. 20).
De este modo, la sensopercepción constituye una herramienta fundamental en la Danza Movimiento Terapia y en la Expresión Corporal, ya que no solo incrementa la conciencia corporal, sino que también abre un espacio para la creatividad, la autoexpresión y la conexión con la experiencia subjetiva del movimiento.
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BIBLIOGRAFÍA
Aleksander, S. (2010). Improvisar: la Libertad de elegir. Disponible en: https://silviaaleksander.com.ar
Caldwell, C. (2019). Bodyfulness. Prácticas corporales para la presencia, el empoderamiento y el despertar. Buenos Aires: EL HILOÐARIADNA, colección Ananta. (Obra original publicada en 2018)
Ferreiro Pérez, A. (18 de Mayo de 2017). Una perspectiva fenomenológica del cuerpo que danza. 2 (da) Cuadernos de danza. https://cuadernosdedanza.com.ar/textosdanzacontemporanea/241/http-cuadernosdedanza-com-ar-enpalabras-texto-una-perspectiva-fenomenologica-del-cuerpo-que-danza-pasodoble-9-segunda-dco
Igaz, C. & Velazquez, D. (2 de Abril de 2009). Danza Movimiento Terapia: desde sus nociones esenciales. Brecha Danza Movimiento Terapia. https://brechadanza.wordpress.com
Rolnik, S. (2022). La mirada ciega. Entrevista con Hubert Godard, docente investigador de la Universidad de Paris. En Berdet, M.; Tampini, M.; Zuain, J. (comp.), Improvisación en danza. Traducciones y distorsiones (pp. 257-281). Editorial 2 (da) en Papel. (transcripción de la entrevista realizada en 2005, traducido por Marie Bardet, Pilar Planas y caterina daniela mora jara en 2021).
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