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Danzar en el vórtice: cuando el movimiento se vuelve camino

  • 6 jun 2025
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 30 ene

Todo en la naturaleza se mueve en ciclos: los planetas, las estaciones, el agua, las células...

Somos parte de ello, pero muchas veces nos olvidamos queriendo desde el mundo mental que todo sea lineal, constante y productivo. Y a veces sucede que, cuando aparece una pausa, un cansancio o un impulso inesperado… lo rechazamos.


Y así, hay momentos en los que sentimos que todo gira caóticamente, que el afuera se acelera y que el adentro se agita. Estando en medio de ese torbellino, registrarnos desde el cuerpo puede ser una acción de no saber por donde empezar. ¿Qué sucede si nos atrevemos a danzar esta experiencia? Si le damos un lugar a cómo es estar en ese vórtice y descubrir/desarrollar recursos propios.


Danzar en el vórtice es elegir habitar ese centro caótico, no como un problema, sino como un camino a algo que se muestra. Ya que el vórtice no arrastra sino que transforma, puede ser una invitación al encuentro con tu sí-mismo.


Desde hace un tiempo, me encuentro explorando otra manera de habitar el cuerpo: siendo una espiral viviente.

En vez de ver el movimiento como una técnica o un objetivo per se, lo pienso como un modo de re-conectar con nuestros ritmos internos.


Aquí encontramos una premisa: que el movimiento cuando es auténtico y conectado, puede sostenernos incluso en medio del cambio/caos.


De esta manera, se busca abrir espacio a lo que está vivo. Mover lo que pide moverse y darle forma al caos a través del cuerpo. Y además, en ese espiral, encontrar nuevas órbitas, nuevas preguntas, nuevos centros.




danzando en el vortice, danza cosmo

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