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Acompañarnos desde el cuerpo + espacios analógicos

  • 3 abr
  • 2 Min. de lectura

En este último tiempo vengo rondando una idea que aparece con fuerza en las sesiones, en las conversaciones cotidianas y en mi propia experiencia: la importancia de acompañarnos desde el cuerpo a lo largo del día, y la necesidad, cada vez más evidente, de volver a espacios analógicos como forma de cuidado.

Vivimos en una cultura que nos empuja a seguir, a producir, a responder (lo conocido como "productividad tóxica"). Muchas veces el cuerpo queda relegado a un segundo plano, funcionando como soporte silencioso de una mente saturada. Acompañarnos desde el cuerpo implica algo sencillo y profundo a la vez: volver a escucharnos.


Moverse para escucharse

Moverse para escucharse puede tomar formas muy simples: estirarse apenas al levantarse, balancearse mientras esperamos que hierva el agua del mate, respirar conscientemente, cambiar de postura, hacer una pausa real entre actividades. No se trata de sumar una práctica más a la lista, sino de habilitar pequeños momentos de registro.

Es un proceso de notar cómo estás antes de seguir. ¿Hay tensión? ¿Cansancio? ¿Aceleración? ¿Necesidad de apoyo, de pausa, de movimiento más amplio? El cuerpo suele dar señales claras cuando le damos espacio.


El día empieza la noche anterior

Este acompañamiento no solo en ciertos momentos “especiales” del día, sino que puede estar presente desde que nos despertamos, e incluso antes. Una mañana comienza con la noche anterior: ¿Cómo te vas a dormir? ¿Cuál es tu rutina antes de acostarte? ¿Te quedás con el celular hasta tarde? ¿Te cuesta bajar el ritmo?

Tal vez haya algo pequeño que te gustaría modificar: apagar las pantallas unos minutos antes, estirarte en el piso, escribir a mano lo que quedó dando vueltas, respirar profundo antes de acostarte.


La vuelta a lo analógico

En este punto aparece con fuerza la necesidad de recuperar lo analógico. El papel, la escritura a mano, los libros físicos, el silencio sin estímulos, el tiempo sin notificaciones. Lo analógico no es nostalgia: es regulación.

El cuerpo responde de manera distinta cuando no está constantemente interrumpido. Escribir a mano ordena el pensamiento, dibujar baja la exigencia, leer sin pantallas aquieta la mirada. Volver a lo analógico es también volver al ritmo humano, al tiempo del cuerpo.

Crear pequeños rituales analógicos: una libreta al lado de la cama, una caminata sin auriculares, un mate sin celular puede ser una forma concreta de acompañarnos mejor.


Cuando el cuerpo ya sabe

Si sentís cansancio, saturación o desconexión, quizá no haga falta pensar más ni entender todo. Tal vez el cuerpo ya sabe por dónde empezar. Podemos acompañar ese saber integrando nuestro psique-soma, sin forzar, sin exigir resultados predeterminados.

Acompañarnos desde el cuerpo es una práctica cotidiana, humilde y fundamental.


Si te resuena, te invito a preguntarte:

  • ¿Qué hábitos hoy te suman?

  • ¿Cuáles te gustaría cambiar o suavizar?


Nos seguimos encontrando desde el movimiento



TE COMPARTO UNA PRÁCTICA PARA FAVORECER LA ESCUCHA:






ESPACIO DE PRÁCTICAS DE DANZA Y MOVIMIENTO


Si te interesa conocer más sobre las propuestas, te invito a darte una vuelta por la web






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